Las mujeres en la investigación: retos en tiempos de pandemia

  • Una serie de condiciones de desigualdad que se mantenían veladas se han confirmado al llevar a cabo el trabajo en casa, las mujeres en la academia han sido algunas de las afectadas debido a la limitación para producir conocimiento en estas circunstancias.

Por Claudia Marcela Alcocer/ Profesora titular y Coordinadora de la Comisión para atender asuntos de género en ITESO

Recibo una llamada telefónica de monitoreo de servicios médicos del ITESO, pues recién fui diagnosticada con covid 19, y a lo lejos percibo algunos gritos de niños que juegan, objetos que caen, ruido que parece abochornar a la mujer que está del otro lado y que está tratando de acompañarme e informarme. Ella me hace sentir cuidada, mientras en su hogar hay una batalla que demanda toda su atención. ¿Qué suerte de retos nos ha traído el confinamiento? ¿De qué manera lo están resolviendo las mujeres? ¿Cuánta vida nos cuesta? ¿Cómo conciliar el desarrollo profesional con la vida personal y familiar? ¿Qué lugar tienen los deseos? 

Hoy, frente a esta pandemia, pensar en las mujeres en la investigación me conduce inevitablemente al interior de los hogares y a toda esa serie de fotografías que las reuniones en Zoom nos han permitido ver. Pienso en mis jóvenes estudiantes a las que acompaño en cursos de investigación — que tienen afortunadamente mucha hambre de vida y muy poca paciencia—, en mis sobrinas que durante horas observan TikTok y que me enseñan de este mundo que ha ido cambiando. En mis amigas investigadoras científicas-sociales formales y no formales, en todas las mujeres que admiro, mis maestras que se despiertan muy temprano para conciliar la maternidad, la vida de pareja, la docencia, el tiempo para la investigación, la escritura y la reflexión. Que a la medianoche después de bañar y dormir a los hijos comienzan a leer para poder escribir —la hora en la que se inaugura el tiempo para sí mismas—, mujeres que lo quisieron todo y que para lograrlo se mueven durante el día en diferentes pistas y que frente a tantas pérdidas a su alrededor continúan sin desistir.   

Hace unos días mis estudiantes entrevistaron a diferentes mujeres. Se sorprendían al darse cuenta de que el tiempo que reportaban como “ocio” era tiempo para otros. No existía el tiempo para sí mismas y no lo reconocían como trabajo. También se sorprendieron al descubrir la proporción de personas que tienen la oportunidad de trabajar desde casa: en México sólo entre el 20 y el 23% de los trabajos son sujetos a realizarse a distancia. Esta posibilidad disminuye mientras menor ingreso tenga la persona. De ese reducido porcentaje una cuarta parte es ocupada por las personas de mayor ingreso, mientras que sólo el 10% es ocupado por las personas de menor ingreso (Monroy Gómez-Franco, 2020:6).  

Estamos frente a una crisis de cuidados: recientemente CEPAL (2021) señaló que en 2020 se registró una significativa salida de mujeres del mercado laboral, muchas de ellas por haber perdido sus empleos y también por estar cubriendo la mayor demanda de cuidados que el confinamiento ha impuesto. Esto sin hablar de los cuidados emocionales que también se encuentran realizando.   

¿Qué tiene que ver esto con las mujeres en la investigación?  Si bien es cierto que la participación de las mujeres en la ciencia ha aumentado de manera progresiva, los roles y estereotipos de género siguen permeando la idea de que la ciencia es un espacio exclusivo para los hombres. Como señala Castañeda (2013:94), todavía encontramos imaginarios donde se asocian determinadas profesiones a lo masculino y a lo femenino. Las ciencias sociales y las humanidades siguen siendo espacios feminizados, mientras las ciencias exactas y las ingenierías son espacios donde se observa mayor presencia masculina.    

Las mujeres no son mayoría en ningún área disciplinaria del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), aunque podemos ver mayor presencia de ellas en el área de Humanidades y Ciencias de la Conducta (48.4%),  Medicina y Ciencias de la Salud (43.2%) y de Biología y Química (40.5%) (Didou & Etienne 2010, citados en Cárdenas 2015). En este sentido, se requieren acciones que nos permitan fomentar actitudes de interés por la ciencia y la tecnología en las niñas, que reconozcan las condicionantes culturales, sociopolíticas e históricas que favorecen la discriminación femenina, insistir en eliminar roles y estereotipos de género que todavía masculinizan el ámbito de la ciencia y la tecnología.    

México junto con Chile, es uno de los países con mayor desigualdad de género en la investigación en América Latina y el Caribe. En el año 2015 se reportaba que sólo 35.8% de quienes pertenecían al SNI eran mujeres, y la diferencia se agudiza conforme el nivel del SNI aumentaba: 21.2% de las mujeres y 78.8% de los hombres tenían nivel III. El nivel se asigna de acuerdo a la productividad de los investigadores. ¿Cuáles son los costos de la productividad esperada? Se ha encontrado que conforme se asciende en los niveles de SNI disminuye el número de mujeres, y se observa que en el nivel III, es casi nula la participación de las mujeres (Valles & González, 2012 citado en Cárdenas, 2015).   

Cárdenas (2015) explica que algunas razones por las que la presencia de las mujeres es menor son que para poder aspirar a ser miembro del SNI se requiere el grado de doctorado; y para aspirar al Nivel III es preciso contar con una larga trayectoria de investigación científica y tecnológica. Lo cual es complejo de cumplir para las mujeres pues la consolidación profesional ocurre precisamente cuando se encuentran realizando trabajos reproductivos. ¿Qué factores determinan que un hombre pueda producir más en el campo de la investigación que una mujer? Y, por otra parte, los hombres en comparación con las mujeres que investigan, ¿cuentan con mayores facilidades para enfocarse en su producción?  

La pandemia nos ha permitido confirmar una serie de condiciones de desigualdad que se mantenían veladas y que ahora, con el trabajo en casa se han recrudecido, donde las mujeres en la academia han sido algunas de las afectadas. Los tiempos de trabajo ya son otros, las posibilidades de distanciarse y diferenciarse —aunque sea un rato del hogar— son mínimas y, por lo tanto, los tiempos para producir conocimiento quedan limitados. Me pregunto, y me hace sentir profundamente incómoda, si en tiempos de pandemia el trabajo de cuidados y la vida misma (que aún estamos tratando de descifrar) se impone a los intereses académicos y profesionales. Estamos de vuelta en el espacio doméstico.  

Referencias  

  • Burín, M. (2007). El techo de cristal. Perspectivas psicoanalíticas sobre las mujeres y el poder. Buenos Aires: Lumen. 
  • Cárdenas Tapia, Magali. (2015). La Participación de las Mujeres Investigadoras en México.¿Investigación administrativa,¿44(116) Recuperado el 24 de febrero de 2021, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2448-76782015000200004&lng=es&tlng=es
  • Castañeda Rentería, Liliana Ibeth (2015) “Referentes, tensiones y rupturas identitarias. Mujeres profesionistas y sus familias de origen” en Revista Avances en Psicología, Universidad Femenina del Perú.
  • CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) (2021), “La autonomía económica de las mujeres en la recuperación sostenible y con igualdad”, Informe Especial COVID-19, Nº 9, Santiago, febrero.  
  • Monroy Gómez-Franco, Luis (2020). “¿Quién puede trabajar desde casa? Evidencia desde México”. Centro de Estudios Espinosa Yglesias, recuperado el 24 de febrero de 2021, de https://ceey.org.mx/quien-puede-trabajar-desde-casa-evidencia-desde-mexico/